Esto es una historia  totalmente real, de las que pasan alguna vez, pero que nadie cuenta. Sólo he cambiado mi nombre, ni si quera el del reto pues no les conozco ni creo que les vuelva a ver. 
Nunca le he contado esto a nadie, sólo sé que tenia que soltarlo de alguna manera y creo que Internet es la gran oportunidad. 
  Soy una mujer casada de 37 años, de clase media, respetable, de buena reputación y madre de dos niñas, un poco rellenita pero no gorda, y con un buen culo. Toda una señora para mi familia amigos y compañeros de trabajo. 
  Tengo una buena relación sexual con mi marido (aunque no tan frecuentemente como él quisiera) y en la cama tenemos nuestras fantasías: ... Que si  tuviéremos a otra persona en la cama que me haría esto, que tu le harías lo otro... y eso nos excita mucho. Pero sólo es eso, una fantasía hasta este verano en que cometí la mayor locura de mi vida de la que a veces me arrepiento pero que otras me sirve para ponerme muy caliente. 
  Era verano y una compañera de trabajo (con la que no tenía mayor relación que la puramente laboral) se empeñó en que asistiera a la fiesta de su cumpleaños. No suelo salir mucho y era una oprtunidad de distraerme, eso dijo mi marido. 
Dejé a mis hijas a cargo de mi marido  me arregle, me pinté, me puse una blusa con un buen escote, de esas con botones y una falda larga de noche, pues íbamos a una cena. Llegué al restaurante y allí estaba mi compañera con todos sus amigos y amigas que yo no conocía. Era una gente muy divertida, que no paraba de beber ni antes ni durante toda la cena, yo  también me animé. No estoy acostumbrada a beber y eso me hizo que enseguida  me pusiera muy alegre y dicharachera. Durante la cena,  los hombres desviaron la conversación y las bromas hacia el tema del sexo (como siempre), incluso alguno me dirigió un comentario un poco fuerte  al que yo respondí, quizá producto del alcohol. 
  Terminamos la cena y me encontraba un poco mareada, pero muy alegre, con esa sensación de no saber muy bien donde se está ni que se hace. La gente decidió salir del restaurante para dirigirnos hacia una discoteca que estaba un poco lejos. Entre el jaleo de acoplarnos en los coches, al final fui a caer con Ricardo, un jovencito de treintaipocos de lo más verde y pegajoso y subimos al coche de uno de sus amigos. Si saber como y riendo como una tonta por la borrachera me encontré sola en un coche con tres de los amigos de mi compañera que hasta esa noche no conocía. Ricardo se sentó, por supuesto, atrás conmigo y salimos hacia la discoteca que estaba a las afueras de Madrid, con música alta, enseguida comenzaron a insinuarse, sobre todo Ricardo, que no se cortaba nada, se acercaba cada vez más a mí aprovechando el impulso de las curvas, me puso el brazo por los hombros y me decía cosas al oído que yo tomaba a broma y me hacían reír como loca. No sé lo que se pensaría de mis risas, pero sin darme cuenta, me apartó el pelo  del hombro y comenzó a besarme en el cuello,  Yo procuraba retirarle pero entre las risas y las curvas cada vez lo hacía más. Me ponía las manos en los pechos y yo le apartaba una y otra vez, sus amigos de adelante no paraban de animarle y de hacer chistes que yo me tomaba a broma hasta que unos de sus besos se clavó en mi boca, metiéndome la lengua hasta mi garganta, yo quería apartarlo, lo empujaba pero el alcohol me hizo olvidar lo que era y mi resistencia se hizo tan débil que me quedé impasible y me dejé hacer aunque en principio no me gustara nada. 
  Mientras tenía la boca llena con la lengua de Ricardo, este aprovechó para meterme la mano entre la blusa y bajo el sujetador  y sobarme las tetas como si nunca hubiera tocado unas yo estaba empezando a pasar de la indignación que sentía  al gusto, y me limitaba a dejarme hacer. Los botones de la camisa se fueron desabrochando y quedó a la vista mi precioso sujetador blanco de marca que me favorecía muchísimo (según mi marido). Ricardo metió sus manos por mi espalda hasta desabrochármelo y dejar libre mis tetas que seguía sobando con una pasión que me excitó como nunca lo habían hecho. Mientras sus amigos se reían y le animaban como si estuvieran en una corrida de toros o algo así, pero yo casi ni les oía, como si no estuvieran, hasta que el que iba junto al conductor, (un señor maduro, con unos veinte años más que yo calvo y  gordo, el menos atractivo y el más grosero de los tres)  se giró, metí su brazo entre los asientos y su mano debajo de mi falda, entre las piernas que yo tenía semiabiertas, pero ya me daba todo igual,  hasta que llegó a mis bragas que apartó ligeramente y comenzó a tocarme el sexo, aquel sexo que sólo mi marido había  tocado.  – ¡ Está mojada la jodía !,  ¡como le gusta a la puta, que caliente está ¡ dijo- ya hacía rato que estaba completamente húmeda. 
  Yo pensé que era el momento de hacer algo, de aprovecharme de la situación, era una fantasía sexual convertida en realidad; poder tocar un pene nuevo distinto al de mi marido que era el único que conocía. Así puse la mano entre las piernas de Ricardo sintiendo su paquete como algo muy excitante,  pero la mayor excitación vino después, cuando desabroché los botones del pantalón y buceé con mi mano ansiosa por encontrar una abertura en el slips, me costó hasta que por fin cogí con mi mano ese pedazo de carne duro y caliente, ...que gustazo...  una polla distinta, para mi solita. La saqué fuera del pantalón y comencé a sobarla, quería sentirla entera en mi mano, era mas corta que la de mi marido (la comparación era inevitable), pero mucho más gruesa. 
  Ricardo me empujó hasta tumbarme lateralmente para meterme su polla en mi boca, sentí un poco de asco al principio, pero era algo con lo que había soñado mucho en la cama y lo hice, una polla gorda y caliente me excité mucho. 
  El señor mayor que iba delante  (se llamaba Juan, creo), debió aprovechar mi postura para subirme la falda a la cintura y tirar de mis bragas hasta dejármelas en los tobillos, yo no me enteré de esto, sólo me percaté de que me sobaba mis nalgas hasta meter su mano por la raja del culo mientras hacía comentarios soeces sobre el mismo, y me metió los dedos por la vagina y por el ano. Mientras yo chupaba la polla de Ricardo sentía como el que conducía, a veces se soltaba de una mano y la echaba para atrás para sobarme las piernas, las nalgas y hasta donde podía. En una de estas ocasiones sé que inconscientemente, me deslicé ligeramente hacia adelante para facilitarle el trabajo. 
  En uno de los semáforos, ya a las afueras de Madrid, Juan saltó del asiento y se acopló atrás como pudo. Lo primero que hizo fue tirarse a mi sexo, comiéndomelo y mordiéndolo como loco mientras yo seguía con la mamada de Ricardo. Juan se sacó la polla era más bien desilusionante por pequeña, pero me daba igual y mi mano derecha se dirigió como una flecha a sobarla. Una polla en mi boca y otra en mi mano. Era como en las fantasías de mi marido. Cuando estaba en plena faena. 
  ¿Juan, quieres que te la chupe a ti? Preguntó Ricardo. Venga, vamos a ver que tal lo hace contestó Juan. Ricardo me incorporé en le asiento y me dijo: - Chúpasela a mi amigo Juan, el pobre no está acostumbrado a las señoras decentes, sólo a las putas.- y me empujó la cabeza mientras que Juan metía su enorme barriga para dentro y empujaba su cadera adelante para facilitarme el acceso. A mi no me gustó mucho la idea y me resistí, pero entre los dos me forzaron hasta que tuve la pequeña polla cincuentona en mi boca, yo sentía bastante asco al principio, hasta que el madurito comenzó a gemir mientras me sobaba el culo el coño y las tetas con poca delicadeza.  Sólo de pensar que esos gemidos cada vez más fuertes los provocaba yo fue suficiente para perder el asco y succionar cada vez con más interés, yo no sabía que le iba a provocar la eyaculación tan pronto, y le vino todo a mi boca 
  Cuando quise apartarme por repugnancia hacia el semen (ni el de mi marido soporto)  Ricardo gritó ¡¡ No manches el asiento!! y me sujetó la cabeza hasta que todo el semen entró en mi boca y tuve que retenerlo allí hasta que terminó de eyacular para luego escupirlo por la ventanilla del coche mientras todos se reían. Mientras esto sucedía, Ricardo empujaba su polla contra mi culo, intentando follarme, pero las estrecheces del coche no le dejaban. El conductor seguía conduciendo con una sola mano, yo sentía que manos de tres hombres me tocaba por todas partes. 
En algún momento pensé en mi marido, mis hijas y mi aburrida vida de ama de casa, que locura estaba haciendo, era repugnante para mi moral de colegio de monja pero en ese momento podía mas la lujuria y el deseo que otra cosa. Eso era puro sexo del más salvaje y yo estaba disfrutando. No me lo podía creer. 
Juan, después de correrse, se limitó a chuparme las tetas y a sobarme todo lo que Ricardo le permitía, pues este s colocó de rodillas en el suelo del coche  y me arrastró por las caderas hasta sentarme en el borde del asiento para meterme su polla y follarme de forma salvaje. Yo tomaba la píldora así que podía follar con tranquilidad. Mientras me follaba así yo le metí mis manos por atrás hasta cogerle el culo para empujarle hacia mí, quería que entrara toda su polla que al ser más gorda que la de mi marido me producía una sensación diferente. El guarro de Juan no dejaba de meter la mano entre nosotros para tocarme las tetas, ya que era lo único que podía hacer. Ricardo sacó su polla de mi vagina cuando mejor lo estaba pasando yo y me hizo colocar de rodillas en el asiento, mirando por en cristal trasero del coche, abrí mis nalgas y me imaginé que quería encularme, yo le dije que eso no (mi marido lo había intentado pero lo dejamos por que me dolía mucho),  me imaginé lo doloroso que sería con aquella polla gorda. Ricardo se agachó  y comenzó a pasarme la lengua por el ano, nunca me lo habían hecho y aquello me gustó cantidad, podía sentir como mi culo se dilataba y abría. Cuando estaba bien dilatado y mojado de saliva, Ricardo puso su punta en el ano y yo sin poder reaccionar, comenzó a empujar para meterla, sentía un dolor mínimo y a la vez un gran placer a medida que su polla se iba colando en mi ano. Apoyé la frente en el reposacabezas del asiento trasero, mis tetas colgaba, yo gemía y el pesado de Juan se tumbó en el hueco de bajo de mí para chuparme y mordisquearme mis pezones y tocarme el sexo y meterme los dedos por mi vagina, lo que aumentó mi placer y mis gemidos.  Superados los prejuicios, dirigí mi mano derecha a la bragueta del cincuentón, que estaba muy fácil de acceder. Le desabroché y metí la mano bajo su calzoncillo hasta cogerle su pollita, que tras la reciente eyaculación, estaba completamente flácida. Este gesto mío produjo un suspiro en Juan, y un susurroso gemido que a mí me gustó muchísimo. En compensación, y mientras era enculada, comencé a masturbar aquella polla casi sin vida, y sentir como iba creciendo dentro de mi mano, fue estupendo. Ricardo se corrió con gritos y gemidos y me lo dejó todo dentro del intestino. Como todos los hombres, se sentó en el hueco del asiento que quedaba y se olvidó de mí. En aquella posición solo me quedaba tirarme a la polla del madurito de Juan para hacerle una mamada que le devolviera la erección, chupe con tal avidez que casi se corre de nuevo en mi boca, pero antes de que esto pasara me incorporé y me senté sobre su polla para, aprovechando la dilatación y lubricación de mi ano por el semen de Ricardo, meterme la pequeña pollita de Juan por mi culo, lo que hice sin ninguna dificultad. Comencé a saltar sobre Juan con su polla dentro hasta que este  mezcló su semen con el de Ricardo dentro de mi ano. 
Ya casi habíamos llegado a la discoteca, después de los veinte minutos más cortos de mi vida. Yo me encontraba semidesnuda, en el asiento trasero de un coche, con dos hombres a mi lado completamente extenuados. Andrés, el conductor seguía caliente y no dejaba de tocarme las rodillas, las piernas, el interior de los muslos... hasta donde podía llegar el pobre, mientras yo me dejaba hacer y descansaba allí sentada. Ricardo dijo: - Pásate al asiento delantero, anda. Este tío nos va a matar- Yo me subí las bragas y salté adelante. Miré al chico que conducía, este me miró con los ojos brillantes, como cuando a un niño le pones un pastel de chocolate delante. Puso su mano derecha en mi rodilla y comenzó a subir por mi pierna suavemente. Yo las separé un poco. Antes de que llegara a su meta, se quité la mano, elevé ligeramente mi culo del asiento y con mis dos manos tiré lentamente de las bragas hasta dejarlas ligeramente por debajo de las rodillas. Él  volvió al principio, subiendo su mano hasta tocar mi clítoris despacio y suavemente, yo cerré los ojos e incliné mi cabeza hacia atrás. Ricardo, que se hallaba justo detrás de mi, pasó sus brazos por encima de mi asiento y metió las manos bajo mi blusa hasta coger mis dos tetas. En esta postura llegamos a la discoteca en cuestión. Estaba en el campo y tenía una gran zona de aparcamientos poco iluminados, paramos el coche en uno de estos y Ricardo dijo - ...pero¿ le vas a dejar así? ... pobre chico, hazle una mamadita, al menos.- 
Yo me incline sobre su pantalón, metiendo la cabeza bajo el asiento, desabroche su bragueta con esa maravillosa sensación de no saber que me iba a encontrar, es como cuando se está abriendo un regalo. El chico (era bastante joven) estaba completamente excitado, yo metí la mano bajo su calzoncillo y mi mano cogió la polla más grande que había visto nunca. – me habéis reservado lo mejor para el final ¿eh?- dije. Saqué aquel enorme pene y me lo metí en la boca, sólo el glande ocupaba toda mi cavidad bucal, esta caliente y muy tensa y sabrosa; aquello era lo mejor de la noche. Mientras le chupaba con ansia, cogí sus gordos testículos con mi mano derecha y el resto del falo con al izquierda, era como si lo quisiera arrancar todo para mí. 
-Bueno, ya está bien,...vamonos- dijo Ricardo. Yo no quería dejar aquello y seguí.  Pues yo me largo. Os espero dentro – dijo Ricardo que abriendo la puerta se bajó del coche diciendo ¿te vienes Juan?  A lo que este respondió – no, me quedo- . Juan parece que no tenía suficiente y ocupo el sitio de Ricardo, o sea, detrás de mi asiento, como yo seguía tumbado con mi mamada, Juan aprovechó para meterme mano por el culo y el coño. Mi meta en ese momento era conseguir lo que había soñado toda mi vida. Que me follara una polla así. Me incorporé en mi asiento y le dije al chico que había conducido el coche que inclinara el asiento hacia atrás. Una vez que aquello parecía una cama me subí encima del chico, y comencé a presionar su enorme glande contra mi vagina. Comenzó a entrar con un ligero dolor, pues era más gorda que mi agujero, pero aquello era como subir a las nubes. Aquella polla gorda y larga se metió, no sin dificultad, hasta mis entrañas. Yo podía sentir como presionaba en mis órganos internos y la intensidad de placer no la puedo describir. Comencé a moverme con violencia, incluso grité mas de una vez.  -joder, como te gusta – dijo Juan mientras seguía con su, a veces, incomoda labor de sobarme por todos sitios. Esa enorme polla acabó corriéndose dentro de mí en la mayor corrida que he visto nunca, por la cantidad de semen, tanto que ni mi marido superaría juntado tres o cuatro de sus corridas. 
  Durante toda la noche, en la discoteca, estuve yendo y viniendo a los aseos, pues mi cuerpo estuvo varias horas expulsando semen por el ano y por la vagina. 
  A penas un mes después de aquello trasladaron a mi marido muy lejos de Madrid y yo tuve que dejar mi trabajo, por lo que no he vuelto ni creo que vuelva a saber más de aquellas personas.

 Espero que algún día mi conciencia pueda perdonarme esto que no quiero volver a repetir, pero de lo que no me arrepiento. Al pobre de mi marido le cuento a veces todos estos detalles como parte de nuestra fantasía en la cama, como si todo fuera un sueño.

Un Saludo.

Rosa.

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