Esto que os voy a contar me ocurrio hace ya años. Aun estaba casada con mi anterior marido del como bien sabeis me divorcie para casarme con Jaime. Yo por aquel entonces era una mujer extremadamente caliente y necesitaba sexo a diario, y ademas a la hora de la siesta solia masturbarme. Vamos que tenia furor uterino. Con los años, a pesar de ser sexualmente muy activa, me he ido moderando. Bueno, a lo que iba a contaros. Esto me ocurrio un dia, y no ha sido la unica vez. En otra ocasion os contare otras vivencias. Esta fue muy excitante y por eso quiero recordarla y escribirla para que podais disfrutarla.
Para trasladarme de mi casa al trabajo utilizaba el metro, pero como el trayecto es muy largo aprovecho para leer, después de un día lleno de actividad nada como un buen libro. Un día de tantos, mientras yo iba concentrada en la lectura, sosteniendo el libro como podía, de pie y apoyada en uno de los tubos, debido a que el vagón estaba a reventar, ocurrió que se cumplió una de mis fantasías más recurrentes.

Ese día yo llevaba una minifalda de licra rosa. Mientras leía, entre concentrada en la historia y entre buscando como acomodar el libro, sentí el típico roce por detrás, no le di importancia, pensé que tal vez sería accidental. La presión iba cada vez más en aumento, y yo sostenía el libro ya sin prestar atención a las letras, era obvio que no era accidental y lo que estaba sintiendo era una polla cada vez más erecta, me mordí los labios y cerré los ojos. 

Aquel hombre, cuya apariencia me era desconocida, al notar que no hacía nada por evitar la intrusión, puso su mano en una de mis nalgas. Pude sentir como, con la palma abierta, recorría cada centímetro de mi trasero; enseguida la mano de aquel hombre rodeó mi cintura y por debajo de la blusa acarició mi vientre y mis pechos; yo solo atiné a levantar mi trasero, quería sentir su polla. El magreo duró un buen rato.

Llegando a una estación, la verdad no supe cuánto tiempo había pasado, muchas personas salieron, por lo que la parte en la que íbamos se despejó por unos segundos, puesto que entró el doble de gente. Aquel desconocido aprovecho para apoyarse en un rincon del metro, mientras me apoya mi espalda en su cuerpo. 

Yo solo estaba abrazada al libro, completamente encima en aquel hombre y entregada a sus caricias. Sentí como, abandonando mis pechos, fue bajando la mano y levanto la parte posterior de mi falda, llevó su mano al frente, acariciando cada parte, aparto el tanguita y comenzó a dedearme, era imposible que con lo mojada que yo estaba no se llenara la mano con mis flujos. 

Pude sentir como liberaba su polla, y comenzó a ponerla entre mis nalgas, piel con piel, ya que mi tanga habia volado. Lo sentí muy lubricado. Él besó mi cuello, me mordió la oreja y muy bajito me susurró:

-Prepárate, te voy a meter el pito.

Yo levanté más el culo, arqueando mi espalda y abriendo ligeramente las piernas. De pronto sentí como un miembro largo y grueso se introducía en mi coñito, sin ninguna dificultad pues ya estaba muy mojada. 

Tal vez fue la excitación del momento, pero casi de inmediato sentí mi cuerpo convulsionarse, experimentando un delicioso orgasmo, apreté mi libro al pecho y me mordí los labios para ahogar mis gemidos. Inmediatamente sentí como aquella polla intrusa explotaba en mi interior, dejando mi coño llena de semen.

El hombre sacó su miembro y me abrazó apretando mis pechos, sentí como con su legua me recorría el cuello. Y me dijo: 

-Eres una zorra, pero estás muy rica. 

Llegamos a la última estación, la gente comenzó a salir y yo avancé mientras él me abrazaba de la cintura. Al salir del vagón, sentí como apretaba mis nalgas y se separaba de mí. Yo avancé sin conocer el rostro que quien me acababa de regalar un delicioso orgasmo.