La historia que voy a contaros es completamente real surgió de la forma más espontánea posible sin preverlo ninguno de los dos. Hace un par de años, en una de nuestras innumerables visitas a Madfrid para ver a mis hijos y la familia, estábamos Jaime y yo dando un paseo por el parque del Oeste y nos tumbamos en el césped para tomarnos una cerveza. Estaba empezando a atardecer pero había bastante luz, era una típica tarde calurosa de Madrid que el frescor de la hierba ayudaba a mitigar. Estábamos tonteando dandonos unos besos y sin darnos cuenta nos empezamos a calentar poco a poco. De repente miro a nuestro alrededor y como a unos treinta metros detrás de unos arbustos había 3 tíos de 40-50 años mirándonos. Yo había oído algunos comentarios de que en ese parque era muy habitual la presencia de voyeurs pero no imaginaba hasta que punto. Que nos estuvieran observando hizo que me calentase aún más, le dije a mi marido que nos estaban viendo, pero que mirase disimuladamente a nuestros mirones para no espantarlos.  Yo llevaba ese día una camiseta de tirantes finos y un pantalón de lino de los que se atan a la cintura.  Aprovechando que no había nadie más cerca de nosotros, me quité el sujetador, para que Jaime pudiera disfrutar mejor de mis pechos. Empezo primero a tocarme las tetas y luego subiendome la camiseta me comía los pezones, y de paso, los dejaba a la vista de nuestros observadores (uno de ellos, y no es ninguna exageración, tenía unos prismáticos, vamos que eran unos auténticos profesionales del fisgoneo).

- Esos tíos te están viendo bien las tetas
- Déjalos que disfruten, además cuando vamos a la playa todo el mundo me las ve y no pasa nada
- Con lo buena que estás seguro que se les está cayendo la baba, menuda paja se van a hacer a tu salud
Yo, me estaba calentando un montón, se sacó la polla y comence a meneársela. Me desato el pantalón y empezo a acariciarme el culo. Como era ancho le permitía bajármelo con comodidad y así dejar a la vista una buena parte de mi tanga, y hasta media nalga más o menos de mi precioso culazo.
- Joder que bien me la meneas cariño, seguro que no te importaría acariciarles a ellos también
- A lo mejor no quieren, decía riéndome
- Estarían encantados de que una zorra como tu les hiciese una paja como la que me estás haciendo
- Creo que se tendrán que conformar con lo que ven, de todas formas les estamos dando un buen espectáculo

Rapidamente paso a mi coñito que estaba completamente empapado, me metio un par de dedos sin ningún problema y mi respiración empezó a agitarse. Afortunadamente a nuestro alrededor no había nadie más que nuestros amigos y por tanto podíamos continuar con nuestro juego sin problemas. A pesar de nuestras miradas cautelosas, creo que los tíos se percataron de que los habíamos visto, pero que no nos importaba que nos viesen, más bien nos gustaba, y se acercaron a otros arbustos que estarían como a quince metros de nosotros y desde donde podrían disfrutar de mejores vistas.
Me bajé un poco el pantalón por delante para que pudiesen verme y Jaime acariciarme mejor, y por supuesto, seguía con las tetas por fuera de la camiseta. Sin embargo, el tanga era un pequeño estorbo para las miradas de nuestros amigos y aprovechando que era de hilo, le pedi que me lo arrancara.

- Me he quedado con el chochito al aire, ¿no te importa que me lo vean esos guarros?
- Ya sabes que no, me encanta que te vean otros tíos, y creo que eres una puta que está disfrutando un montón. Tienes un coño precioso, con esa pequeña línea de pelo que te dejas pareces una zorra
- Tienes razón, estoy segura que les gusta lo que ven
Fue una pena que ese día no llevase falda, pero con el pantalón bajado unos 25 cm nuestros tres voyeurs no se podían quejar de lo que estaban viendo. Yo le seguía acariciando la polla y la tenía a punto de estallar, la tenía dura como una piedra y el capullo estaba rojo de lo excitado que estaba. Me daban ganas de chuparsela en medio del parque, pero así no hubiese podido acariciarla y privaba de que fuese vista. Además, la paja que le estaba haciendo era deliciosa. No podía quejarse de tener una mujer tan guarra.
- Erika cabrona … no pares que estoy a punto de correrme, sácame toda la leche que llevo dentro

- Quiero que esos tíos vean como te la meneo, como hago que te mueras de placer, para que se mueran de ganas de estar en tu lugar
- Sigueeee … siiiiiiii … joder que gusto, que bien lo haces eres una puta palillera maravillosa
Solto unos borbotones enormes de semen que regaron el césped. Se centro en la caricias en mi coño, tenía ganas de terminar, me había puesto muy caliente con su corrida, me excito mucho cuando veo salir el semen de la polla, se pone a cien
- Vamos cariño, quiero correrme yo también, le decía la oído
- Quieres que te ven esos cabrones que nos están mirando como te corres en mitad de un parque
- Por supuesto, así se llevan el espectáculo completo
Mi respiración se agitó muchísimo, se me arqueó la espalda y con unos gemidos contenidos alcance un orgasmo fantástico, del que necesite un par de minutos para recuperarme.
Después de descansar un poco, recompusimos nuestra ropa, recogimos y nos fuimos. Según íbamos camino al metro vimos a los tres tíos sentados en un banco, parecía que estaban esperando a que pasásemos para echarnos un último vistazo. Nos miraron, fundamentalmente a mi, todo hay que decirlo, con una sonrisa dibujada en su cara, además no me había vuelto a poner el sujetador y se le movían las tetas al andar. Igual creyeron que me cortaría, pero por mi sonrisa picarona me delato que estaba disfrutando del momento. Nada más pasar delante de ellos, a unos 5 metros había una papelera, me detuve y saque del bolso, con toda la parsimonia posible, exhibiéndolo el tanga que me había arrancado y lo deje allí.
- Así tienen un recuerdo de nosotros le dije muerta de risa